sábado, 23 de marzo de 2013

La condena a muerte del poeta Miguel Hernández llega a la ONU

La condena a muerte del poeta Miguel Hernández llega a la ONU
La familia presenta una denuncia en Ginebra en la que pide poder recurrir la sentencia
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La vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, entregó en 2010 la Declaración de Reparación y Reconocimiento Personal de Miguel Hernández a la nuera del poeta, Lucía Izquierdo, y a la nieta, María José. / EFE
La familia de Miguel Hernández no tira la toalla y sigue exigiendo la revisión y nulidad de su condena a muerte del poeta por el régimen franquista en 1940. Agotadas las vías legales en el Tribunal Constitucional y en el Tribunal Supremo, que ni tan siquiera admitieron los recursos previos presentados por los herederos del poeta del pueblo, la última esperanza está ante el Comité de Derechos Humanos, Civiles y Políticos de la ONU (Organización de las Naciones Unidas), al que piden poder recurrir la sentencia contra el poeta. 
El abogado de la familia, Carlos Candela, ha explicado que una vez "agotados" los trámites judiciales a nivel nacional han decidido acudir a este organismo internacional con sede en Ginebra. "Pretendemos que nos dejen entrar en el recurso para pedir la nulidad de la sentencia", ha explicado el letrado.
La base "fundamental" de la petición es el artículo 8 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que dice que "toda persona tiene derecho a un recurso efectivo ante los tribunales nacionales competentes que la ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales reconocidos por la Constitución o la ley". Candela recuerda que el organismo de Naciones Unidas tiene una legislación propia que en su artículo 2 señala que "toda persona cuyos derechos y libertades hayan sido violados podrá interponer un recurso efectivo".
En 2009, la Comisión y la familia de Hernández iniciaron el proceso para conseguir la nulidad de la sentencia a muerte del poeta y presentaron una petición de reconocimiento administrativo de acuerdo con la Ley de Memoria Histórica, que fue concedida en marzo del año siguiente.
Un año después presentaron el recurso de revisión de la sentencia y se tramitó en la sala quinta de lo Militar del Tribunal Supremo, pero en febrero de 2011 se denegó su admisión. Candela recordó que el paso siguiente fue acudir el Tribunal Constitucional, ante el que se interpuso un recurso de amparo que, "con una providencia de cuatro líneas", que también fue rechazado
Monumento en el Mercado
Candela realizó este anuncio este jueves durante el transcurso de una rueda de prensa de la Comisión Cívica de Alicante para la Recuperación de la Memoria Histórica que anunciado que inaugurará el próximo 25 de mayo un monumento dedicado a las víctimas del bombardeo fascista realizado sobre el Mercado Central de la capital alicantina en 1938, y que provocó la muerte de más de 300 personas. El monumento se llamará Todos los días a las doce, y será instalado en la plaza del Mercado Central de Alicante.
Por otro lado, el próximo sábado se presentará en la capital alicantina la Comisión de la Verdad sobre los Crímenes del Franquismo, que se trata de un "organismo extrajudicial", lo que "implica" que su objetivo "no es juzgar y castigar" a los responsables "de los crímenes cometidos", según Manuel Parra, miembro de esta comisión.
El próximo 24 de mayo se ha planificado la celebración de un homenaje a los más de 700 republicanos fusilados por el franquismo entre 1939 y 1945, el cual se celebrará en el Cementerio Municipal de la ciudad, ante el memorial instalado por la Comisión Cívica. Durante el acto también se llevará a cabo una ofrenda de flores en la tumba del poeta Miguel Hernández.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Miguel Hernández, 70 años sin el poeta del pueblo

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Miguel Hernández, 70 años sin el poeta del pueblo
día 28.3.12
Tal día como hoy hace 70 años murió Miguel Hernández en la enfermería de una cárcel de Alicante. Preso y condenado por el franquismo por su declarada simpatía hacia la República, el poeta del pueblo, como era conocido, no superó una bronquitis mezclada con tifus y tuberculosis.

A día de hoy, 70 años después de su muerte, la obra del poeta está encerrada en la caja fuerte de un banco español después de que el Ayuntamiento de Elche, gobernado por el Partido Popular, decidiera romper de manera unilateral el convenio que unía el legado del poeta a la ciudad. El consistorio ilicitano alegó que era demasiado caro para mantener el convenio. Por su parte, los herederos reclamaron que fue una decisión política y no económica y denunciaron al consistorio ante la Justicia. “A Miguel Hernández, la derecha lo mató una vez y, ahora, lo ha vuelto a matar", señala Lucía Izquierdo, nuera del poeta.

“Es el aniversario más triste que me podía imaginar. No concibo que 70 años después de la muerte, su obra no esté al alcance de todos. En días como hoy, pienso en todo el sacrificio de su nuera y del resto de la familia para que la obra de Miguel esté al alcance de todos. Con la llegada del Partido Popular al Ayuntamiento hemos retrocedido 40 años”, apunta Izquierdo.

El poeta pastor, como es conocido en su Orihuela natal por su profesión, murió a los 31 años de edad. Tiempo suficiente para convertirse en uno de los poetas más grandes de la literatura hispana del siglo XX y para componer uno de los poemas más famosos de nuestros tiempos:Nanas de la cebolla. Esta pieza surgió cuando estando encarcelado por el régimen franquista recibió una carta de su esposa Josefina Manresa donde le decía que tan sólo tenía pan y cebolla para alimentar a su hijo.

Pablo Neruda, premio Nobel de literatura en 1971 y amigo del poeta, escribió tras su muerte: “Recordar a Miguel Hernández que desapareció en la oscuridad y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor”. Sin embargo, el recuerdo a su vida, su obra y su muerte sigue generando fantasmas aun 37 años después de la caída del régimen franquista. "Miguel Hernández es inmortal y la derecha ya no lo puede callar", sentencia Izquierdo.

jueves, 3 de noviembre de 2011

domingo, 22 de mayo de 2011

sábado, 12 de marzo de 2011

EN EL CERVANTES


Miguel Hernández. La sombra vencida
http://cvc.cervantes.es/literatura/escritores/m_hernandez/ibanez.htm
Por Andrés Ibáñez

Se dice (no sé si es una leyenda) que cuando murió Miguel Hernández, resultaba imposible cerrarle los ojos. Son esos mismos ojos grandes, brillantes como esferas de vidrio, que hemos visto representados en tantos retratos. En uno de sus últimos poemas, escrito en la cárcel y no recogido en ningún libro, escribe: «Yo que creí que la luz era mía / precipitado en la sombra me veo». Pero el poema (y con él, la Obra poética completa del poeta) termina con estos versos: «Pero hay un rayo de sol en la lucha / que siempre deja la sombra vencida».
Foto de color sepia de un pueblecito a orillas de un ríoDos niños con pértigas sobre una balsa, en un caserío anegadoFoto en blanco y negro de una calle solitaria en un pueblecito levantino.

Orihuela

El propio Miguel Hernández se describió a sí mismo a menudo como «cabrero poeta» (en un artículo publicado en la revista Destellos, editada por el gran amigo Ramón Sijé) o bien como «poeta pastor» o incluso «pastor poeta» («este pastor un poquito poeta», le escribe en una carta a Juan Ramón Jiménez). El padre de Miguel era cabrero, y el propio poeta fue iniciado en el oficio de pastor por su hermano Vicente cuando era un niño. Las montañas comenzaban justo detrás de la casita en la que nació Miguel en Orihuela, secas y desabridas laderas de ese paisaje levantino que tanto se parece al de Tierra Santa. Más tarde, la familia se traslada a otra casa en la Calle de Arriba, una vivienda amplia y cómoda con un jardín trasero en la que había un corral y algunos frutales.

Miguel Hernández estudió durante bastante más tiempo del que sería esperable en un muchacho tan modesto. En el colegio de jesuitas de Santo Domingo llegó a alcanzar los grados de «príncipe», «edil» y «emperador», títulos con los que los jesuitas distinguen a los buenos alumnos. Y enseguida comenzó a leer, primero en la biblioteca del canónigo Almarcha, que le introduce en los clásicos españoles y los grecolatinos traducidos, y luego bajo el influjo de Ramón Sijé, su gran amigo, un estudiante de derecho de orientación conservadora y católica que tenía grandes inquietudes literarias. Sus sucesivos viajes a Madrid, hasta el tercero, que es el definitivo, suponen un gran salto hacia adelante y una ruptura con el mundo provinciano y limitado de Orihuela. Sobre todo por influencia de Pablo Neruda, las ideas religiosas y políticas de Miguel Hernández comienzan a cambiar. El poema «Sonreídme», escrito en el período que va entre El rayo que no cesa y Viento del pueblo, uno de los pocos que escribiera sin rima, y que por esa razón tiene un tono más libre y moderno del que solemos asociar con su arte, es un buen indicador de esta crisis: «Vengo muy satisfecho de librarme / de la serpiente de las múltiples cúpulas / la serpiente escamada de casullas y cálices». Ramón Sijé le visita en Madrid y ambos amigos discuten de política, de poesía, de religión. Se sienten un poco distanciados, pero a los pocos meses el amigo muere, y Miguel se siente devastado. Escribe entonces la «Elegía a Ramón Sijé» que se ha hecho tan famosa y que entusiasmó al propio Juan Ramón Jiménez. El poema, hermoso y algo superficial, contiene un pequeño misterio: porque la elegía por la muerte del amigo parece, en realidad, una declaración de amor de encendida sensualidad.
Manuscrito de la «Elegía a Ramón Sijé».


Hay siempre algo seráfico alrededor de Miguel Hernández. Tenía un rostro de niño ingenuo, marcado de cicatrices por una explosión de carburo que sufrió en la infancia. En seguida se hizo amigo de los poetas de la generación del 27, pero en Madrid no todo fueron aladas almas de rosas de almendro. García Lorca no sentía simpatía por él e intentaba evitarle, y es conocida la anécdota de Miguel llamándole «hijo de puta» a Alberti y recibiendo un bofetón de María Teresa León.

Fascina lo rápido que suceden las cosas en la vida literaria de Miguel Hernández. Perito en lunas, un experimento en octavas gongorinas, es de 1933. Su obra mayor, El rayo que no cesa, poemario de amor y de angustia, del 36. Ese mismo año comienza la guerra, y Miguel salta a una poesía de tipo social y político. Viento del pueblo (1937) es el libro optimista de la guerra, y del viaje a la Unión Soviética. El hombre acecha (1937-39) es el libro pesimista de la guerra. Los dos libros son desiguales, aunque contienen poemas de agonizante intensidad. Viento del pueblo se convertiría en el modelo de la poesía social de la posguerra, y se abre con unos versos célebres donde cada palabra vibra como un terremoto y trae una imagen inolvidable: «Atraviesa la muerte con herrumbrosas lanzas / y en traje de cañón, las parameras / donde cultiva el hombre raíces y esperanzas, / y llueve sal y esparce calaveras». Todo Miguel Hernández está aquí: la maravillosa perfección formal, el uso implacable del ritmo y de la rima, la asombrosa imaginación verbal, el tono a un tiempo moderno, casi surrealista, pero con una resonancia clásica, la lentitud poderosa en que la lengua se demora, como embrujada, para decir una por una la sucesión de palabras que son todas esenciales.